Berta Pichel presenta Cicatrices de charol en Fabero

La Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Fabero tiene programado para el próximo jueves 13 de septiembre, a las 20:00 de la tarde, la presentación la novela “Cicatrices de Charol” de la escritora de raíces bercianas Berta Pichel en la Escuela del Ayer de Fabero.

Sinopsis:

Septiembre de 1933: Ponferrada, capital de la comarca leonesa de El Bierzo. Nía, joven de naturaleza romántica y espíritu artístico, acaba de cumplir dieciocho años. La celebración de las fiestas patronales en las que piensa estrenar sus zapatos de charol de medio tacón y un vestido de corte moderno, parecen abrirle las puertas a sus sueños de libertad. El mismo día de la fiesta, conoce a Valeriano, joven sindicalista revolucionario con el que vivirá un amor apasionado. A partir de ese momento, los conflictos se suceden en su vida ya que ha de enfrentarse al control ejercido por su madre, mujer muy religiosa y conservadora; a los celos y deseo de venganza de Antonio, un amigo guardia civil enamorado de ella y a la dificultades de una época histórica convulsa que interfiere en el amor y en su propia trayectoria vital.

La protagonista, condicionada por la realidad que la envuelve, se enfrentará a los obstáculos y tomará decisiones que marcarán su vida. Una de ellas es la de fijar su residencia en Villafranca del Bierzo con el fin de trabajar al servicio de la familia Álvarez de Luna. A lo largo de la trama, deambulan por la novela personajes representativos de todos los sectores sociales que permiten conocer la realidad del Bierzo en este período agitado. Incluso en el mismo palacete, Nía es testigo de las tensiones y desavenencias políticas entre los dos hijos de la señora.

Las nuevas circunstancias, fuera ya del ámbito familiar, la ponen otra vez a prueba: vive emociones inesperadas, retoma la vocación artística y consolida su personalidad. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil supondrá un gran giro vital.

Biografía:

Me nacieron –como decía Clarín–, en verano del año 1951 en La Portela, pequeño pueblo berciano ubicado a las orillas del río Valcarce y en pleno Camino de Santiago. Aunque mis padres residían en Madrid, deseaban que viniese al mundo en la cuna de nuestros ancestros.

Del núcleo familiar heredé la morriña por El Bierzo y, cuando puedo, siempre vuelvo a visitarlo. Es un placer caminar por los alrededores de mi pueblo, acotado por verdes montañas de nogales, robles y castaños centenarios. Os aseguro que aún perviven en mi memoria el aullido de los lobos, la brama de los ciervos, el movimiento sigiloso de los zorros o el desplazamiento armonioso de las truchas en las aguas cristalinas. Todas esas ráfagas conforman los recuerdos impagables de mi infancia.

A los ocho años, mi familia fijó su residencia en la capital de El Bierzo. “En Ponferrada –nos aseguraban mis padres a mi hermana y a mí–, podréis estudiar”. Ese era el objetivo, casi la obsesión, sobre todo de mi madre. Estaba convencida de que el estudio nos haría más independientes, tal vez más libres.
En esta ciudad, se inició el periplo de mis estudios que, por diferentes razones, transcurrirían por diversos espacios geográficos –Sant Cugat del Vallés, Oviedo y, finalmente, Barcelona–, lugar donde obtuve la licenciatura de Filosofía y Letras en la especialidad de Historia Moderna y Contemporánea. En L’Hospitalet de Llobregat ejercí la docencia durante más de cuarenta años.

Desde muy pequeña adquirí el hábito de la lectura: me entusiasmaban los cómics de Ibáñez o de Escobar; los cuentos tradicionales y los de hadas; los libros de aventuras, sobre todo “Los cinco” de Enid Blyton. En la adolescencia y primera juventud escribía poemas, de corte machadiano y pequeños relatos. Sin embargo, las ocupaciones profesionales, la maternidad o las adversidades de diferente índole interrumpieron mi afición.

A partir de mi jubilación parcial me matriculé en la Escola d’escriptura de l’Ateneu barcelonès. Allá encontré maestros y compañeros con los que reflexionar sobre las técnicas de escritura y su práctica. Con ellos crecí y a todos les debo, en parte, la recuperación del placer de la escritura.

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